miércoles, 23 de diciembre de 2009

Café turco por manos mexicanas.



Hoy por la mañana recibí la visita de Oze, quien entre sonrisas me contó sobre su lejano país, de café y montañas (ojo, no es Colombia).  También me informó del equívoco de su nombre: en Turquía es mucho más común el nombre Özgue, pero una pequeña omisión de su madre y la imposibilidad de los mexicanos de pronunciar la ÖÖÖ han trastocado desde hace algunos meses su identidad (el secreto está en hacer la boca de "o" y pronunciar la "e"; así ööö...).  A mi manera, también fui víctima de la creatividad de mi paridora -en  aquél entonces- hippie.  Y entonces me puso "Alai", y  no "Araí", como corresponde a la princesa que donó el mate a los guaranís (o "guaraníes", eso sí nunca lo supe).

Y de entre los errores que tienen su propia continuidad, estaba la forma en que desde hace años yo preparaba el café turco, poniendo primero el agua y después el café como lo hacen los equivocados árabes (y además yo le ponía leche, resultando en que empezaba todas las mañanas bajo una total aberración).  La tradición en Anatolia indica que se revuelven ambos ingredientes, agregando azúcar si se quiere (o piloncillo si se tiene).

Después de alistado el menjurje, le conté mi historia, 
de cómo hace tiempo había emprendido un viaje en el que me ha quedado claro por lo menos una cosa: de lo que se trata es de caminar, siempre caminar. (Arriba en la foto, si tienen buen ojo me verán, chiquita, bajo un doble signo de encuentros afortunados: uno, seguramente, era el de esta mañana).

Ella me contó de la luna llena que habrá en el desierto, y cómo le gustará contemplarlo desde abajo de la montaña. Observen:

La luna es un puntito negro a la izquierda de la montaña.  
A la derecha de ésta, hay un montículo de color oscuro, en donde está Oze de perfil, patas al viento.  Arriba de ella, dibujados sus  pensamientos, como en una nubesita de cómic.




Terminado el relato me convertí en una miope en la búsqueda de sus lentes, los cuales me entregaron hoy y me permiten mirar esta pantalla de frente, como se debe.  Ella, por su parte, se volvió una usuaria de la inefi
ciente distribución de boletos de Flecha Amarilla.  

Salimos entonces a la vasta ciudad a buscar nuestra ruta.


1 comentario:

  1. Como dicen en mi pueblo bereber, escondido bajo la magnifica constelación de estrellas que solo es superada por la belleza de la autora. Un cafe turco siempre sera bueno, mas sin embargo si se mezcla con algo pierde su escencia y es corrompido. Pero si se mantiene su sabor la persona sera acredora de un sabor indescriptible, tal vez solo superado por el sabor de la piel de una mujer

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